Hola a todos, todos
quiero compartir este texto sobre la leche de vaca que me han enviado
por correo (gracias Carmen) y que ha sido escrito por José Ramón
Llorente (presidente de la Sociedad Española de Nutrición
Ortomolecular).
El texto lleva unos 15 minutos leerlo entero, no es muy largo pero si
quieres un mensaje del contenido del mismo, se podría resumir diciendo:
"El Ser Humano es el único mamífero que ingiere leche procedente de otro animal pasado el periodo de lactancia. Y lo hace a pesar de saberse que la leche que produce cada mamífero es específica para su especie."
Existen varias alternativas a la actual ingesta de leche de vaca como la
leche realizada con grasa vegetal como la soja, la avena, la almendra,
el arroz o la leche de coco.
Al eliminar la leche de vaca de nuestro dieta conseguiremos mejorar
nuestro estado de salud debido a la cantidad de enfermedades
relacionadas que podréis ver en el contenido del artículo.
Tengo que destacar del contenido siguiente que entre las enfermedades
asociadas a la leche se encuentra el cáncer de próstata cuyo porcentaje
de riesgo es mayor si se toma leche desnatada en vez de leche entera.
Sorprendente
Además, destaco el punto en el que habla de las madres en época de lactancia:
"Es importante señalar que las madres que toman leche de vaca durante
el período de la lactancia exponen a sus hijos a los riesgos asociados a
este alimento."
Nota: Si sólo tienes unos 8 minutos puedes ver un vídeo con el resumen del gran artículo escrito al final de la noticia.
A continuación, el texto entero del artículo comentado:
¿Es Buena la Leche de Vaca?
Parece inofensiva y hasta un alimento rico y sano, pero ¿sabes
exactamente que estás tomando cuando tomas un vaso de leche de vaca?
Denominada de la "reina del calcio", la variedad de leches crece día a
día. Pero no todo es color de leche: algunos no la toleran y los algunos
especialistas la critican. ¿Quién esta en lo correcto?
Muchos médicos de la salud y especialistas alternativos dicen que los
números de personas con intolerancias y alergias a la lactosa están en
el aumento, una muestra de que la leche es realmente mala para nosotros.
Pero otros nutricionistas y especialistas afirman que es uno de los
alimentos más completos, fuente natural de calcio, proteínas y
aminoácidos esenciales para nuestra dieta. ¿Quién esta en lo correcto?
Algunos expertos van más allá y desaconsejan tomar este alimento por que
es un producto animal que perjudica al cuerpo humano, el cual –según
ellos- está "diseñado" para alimentarse con sustancias vegetales.
Hay mucha propaganda, muchos doctores y gente especializada en nutrición
que recomiendan y hasta insisten en que se consuma leche de vaca porque
aseguran contiene proteínas y calcio "indispensables" para las
necesidades del organismo.
Sin embargo, hay que saber que nuestro estómago no está adecuado para este alimento. Existen dos enzimas, la renina y la lactasa, que son las encargadas de descomponer y hacer digestible la leche de
vaca. Dichas enzimas, en casi todos los seres humanos,
dejan de producirse alrededor de los tres años.
Cuando la leche entra al organismo y no encuentra dichas enzimas,
sucede que el estómago tiene que hacer esfuerzos considerables por
digerirla, y, a pesar de su enorme trabajo para que el alimento sea
asimilado, no lo consigue del todo, así que la
leche se queda en los intestinos adherida como una especie de pasta difícil de remover.
Con el tiempo, estas adherencias se fermentan, se secan, se hacen una
especie de costra que, con los años, da lugar a severas innumerables
enfermedades, entre las cuales encontramos
problemas de la tiroides, diabetes, alergias de todo tipo, intolerancia a
ciertos alimentos, excesos de flemas y mucosidades, tos y catarro, etc.
Datos a tener en cuenta:
- La leche de vaca ya no es la leche de hace años. Actualmente
contiene muchos químicos, hormonas, pesticidas, antibióticos, etc. que
no se notan en el vaso de leche blanca.
- La leche se vuelve ácida en el cuerpo humano debido al calor del
organismo y a que tiene que pasar mucho rato ahí dentro, debido a la
dificultad de su digestión
- La leche que no está pasteurizada es muy peligrosa, ya que fomenta las bacterias.
- La leche pasteurizada a altas temperaturas pierde casi por completo
todos sus nutrientes y la grasa animal se satura, lo que la hace dañina y
perjudicial para la salud.
El ser humano es el único mamífero que ingiere leche procedente de otro animal pasado el
periodo de lactancia. Y lo hace a pesar de saberse que la leche que produce cada mamífero
es específica para su especie.
La leche animal y sus derivados -nata, queso, yogures, helados, batidos,
etc.- se encuentran actualmente entre los alimentos de mayor consumo
del mundo. Se alaban sus propiedades nutritivas, lo ricos que son y lo
imprescindibles que resultan para mantener los huesos sanos merced a su
riqueza en proteínas, vitaminas y minerales, especialmente el calcio.
Pero, ¿es eso verdad, o más bien se trata de productos no precisamente
saludables que causan muy diversas patologías?
El ser humano es único en la naturaleza por múltiples razones,
destacando entre ellas el hecho de que se trata del único mamífero que
ingiere leche procedente de otro animal pasado el periodo de lactancia.
Y lo hace a pesar de saberse que
la leche que produce cada mamífero es específica para su especie y que la naturaleza la ha hecho idónea para las necesidades de su cría y no para las de otra.
Es más, la madre Naturaleza previó que los mamíferos -es decir, los
animales que maman- obtengan la leche directamente de las mamas de sus
madres sin contacto con agente externo alguno ya que se trata de una
sustancia que se altera y contamina con gran facilidad. Los humanos, sin
embargo, en el convencimiento de que es sano seguir tomándola siendo ya
adultos, hemos alterado hasta las leyes de la naturaleza para poder
mantenerla en condiciones adecuadas de consumo. Y, sin embargo,
son muchas las evidencias que indican que tan preciado líquido está detrás de muchas de las dolencias que hoy nos aquejan.
Obviamente, la composición de cada leche varía en función del animal, de
la raza, del alimento que haya recibido, de su edad, del periodo de
lactancia, de la época del año y del sistema de ordeño, entre otras
variables. Y si bien su principal componente es el agua su presunto
interés nutritivo radica en que además contiene grasas (ácidos grasos
saturados y colesterol), proteínas (caseína, lactoalbúminas y
lactoglobulinas), hidratos de carbono (lactosa, fundamentalmente),
vitaminas (cantidades moderadas de A, D y del grupo B) y minerales
(fósforo, calcio, zinc y magnesio). Las proporciones dependen ya del
tratamiento que se haya dado a la materia prima por lo que no contiene
la misma grasa la "leche entera" que la "leche descremada". Ahora bien,
¿es realmente saludable ingerir leche y productos lácteos? Porque, no
sólo son muchos los investigadores que discrepan de esa opinión,
sino que hay cada vez más estudios que cuestionan esa aseveración.
El problema del calcio
La razón fundamental por la que los nutricionistas occidentales -no así
los orientales recomiendan tomar leche y sus derivados es porque la
consideran muy nutritiva y especialmente rica en calcio, agregando que
la ingesta periódica de ese mineral es imprescindible para mantener la
salud, sobre todo la de los huesos. Y en ese convencimiento muchas
personas beben cantidades importantes de ella al punto de que algunas
-es el caso de millones de norteamericanos- prácticamente la toman en
lugar de agua. Sin embargo, es precisamente
en Estados Unidos, el mayor consumidor mundial de leche, donde más incidencia de osteoporosis hay entre su población. ¿Alguien puede explicar razonadamente tan singular paradoja?
Lógicamente, no puede extrañar que cada vez más expertos alcen su voz abiertamente afirmando que
la leche y sus derivados no sólo no son alimentos adecuados para el
ser humano sino que ni siquiera constituyen una buena fuente de calcio
porque una cosa es la cantidad de ese mineral presente en ella y otra
muy distinta su biodisponibilidad. Además, está por ver si la necesidad
de él que precisa el organismo es la que publicitan las
empresas lácteas.
Resultan ilustrativos a ese respecto los resultados del estudio que con
78.000 mujeres de entre 34 y 59 años llevaron a cabo durante 12 años
varios profesores de la Universidad de Harvard en Estados Unidos y que
fue publicado en el American Journal of Public Health en 1997. Porque
sus conclusiones desmienten la tesis de que un mayor consumo de leche
u otras fuentes alimenticias de calcio por mujeres adultas las proteja
de fracturas propias de la osteoporosis como son las de cadera o
antebrazo.
También es interesante recordar el Proyecto Cornell Oxford-China de
Nutrición, Salud y Medio Ambiente que se inició en 1983 con un estudio
pormenorizado de los hábitos cotidianos de 6.500 habitantes de 65
provincias dispersas de la China rural ya que constituye una de las
investigaciones más rigurosas y concluyentes efectuadas en materia de
salud. Y ese trabajo demostró -entre otras cosas- que
la leche animal desmineraliza a los adultos. Es decir, se comprobó que
las
mujeres que no tomaban leche de vaca y su único alimento eran el arroz,
los vegetales, la soja y sus derivados no padecían osteoporosis. Y
que, sin embargo, si dejaban esa dieta e introducían la leche de vaca
sus niveles de calcio bajaban y aumentaba la incidencia de esa
patología.
Gracias a las investigaciones llevadas a cabo por el doctor John
McDougall -médico nutricionista del St Helena Hospital de Napa
(California, Estados Unidos)- sabemos también que
la mujeres de la
etnia bantú no toman leche pero sí calcio procedente de fuentes
vegetales y, sin embargo, a pesar de que tienen una media de 10 hijos y
los amamantan durante largos periodos, no padecen osteoporosis.
Otro ejemplo de la relación entre leche y osteoporosis lo constituye el
trabajo del doctor William Ellis, ex presidente de la Academia Americana
de Osteopatía Aplicada, quien estableció que
las personas que toman de 3 a 5 vasos de leche diarios presentan los niveles más bajos de calcio en sangre.
Agregando que tomar mucha leche implica ingerir grandes cantidades de
proteínas lácteas y éstas producen un exceso de acidez que el
organismo intenta compensar mediante la liberación de minerales
alcalinos.
En esa misma línea se expresa un estudio publicado en el American
Journal of Clinical Nutrition que afirma que el exceso de proteínas de
la leche es uno de los factores más importantes en el avance de la
osteoporosis. En dicho estudio -publicado ya en 1983- se demostraba que
hasta la edad de 65 años las mujeres que no toman leche y
son vegetarianas tienen un 18% de pérdida de hueso mientras las
omnívoras padecen una pérdida ósea del 35%.
Y estudios más recientes muestran que con una ingesta de 75 gramos
diarios de proteína láctea se pierde más calcio en la orina del que se
absorbe a través de la dieta.A todo esto hay que añadir que la relación
calcio/fósforo de la leche de vaca no es adecuada para el ser humano,
pues su contenido es demasiado elevado en fósforo y por eso su
ingesta acidifica el organismo. Con las numerosas implicaciones
negativas para la salud que ello implica.
La opinión de Jean Seignalet
El finado doctor Jean Seignalet -hematólogo, inmunólogo, biólogo,
catedrático de Medicina de la Universidad de Montpellier durante muchos
años y autor de más de doscientas publicaciones en prestigiosas revistas
médicas- denunció en su obra La Alimentación, la 3ª Medicina que
muchas
patologías y la proliferación actual de otras se debe básicamente
a cinco razones: el consumo de cereales domésticos, la ingesta de leche
animal y sus derivados, la cocción de los alimentos, el refino de los
aceites y la contaminación alimenticia con la consiguiente carencia de
vitaminas y minerales. Afirmando en lo que a la leche se refiere lo
siguiente: "Muchas personas piensan que prescindir de la leche puede
provocarles pérdida de calcio y problemas como la osteoporosis pues la
televisión, la prensa y la mayoría de los médicos repiten que la solidez
de los huesos depende de su cantidad de calcio y sólo el consumo diario
de productos derivados de la leche puede aportarles en
cantidad suficiente ese precioso calcio. Sin embargo, yo digo firmemente
que NO. El peligro de la falta de calcio es una ilusión. Es cierto que
la leche de vaca es rica en calcio pero una vez en el tubo digestivo
humano la inmensa mayoría del mismo es precipitado en forma de fosfato
de calcio y expulsado a través de las heces fecales. Sólo una pequeña
parte es absorbida. El calcio asimilable es aportado en cantidad más que
suficiente por los vegetales: hortalizas,
legumbres secas, verduras, carnes crudas y frutos secos y frescos.
Además el calcio es un mineral muy abundante en el suelo donde es
recuperado por las raíces de las plantas. En definitiva, eliminar de la
alimentación la leche animal no provoca carencia de calcio.
Al contrario, el régimen hipotóxico -desprovisto de derivados de la
leche- acompañado de magnesio y silicio bloquea 70 veces de cada 100 la
evolución de la osteoporosis e incluso permite a veces recuperar parte
del terreno perdido".
La caseína de la leche
Mencionábamos al describir la composición de la leche que una de sus
proteínas principales es la caseína. Pues bien, se sabe que el niño
lactante asimila completamente las caseínas de la leche materna... pero
no las de la leche de vaca. Tales proteínas sólo se
digieren parcialmente por el efecto neutralizador de la leche sobre la
acidez gástrica, indispensable para su ruptura.
¿Y qué efectos provoca esa sustancia viscosa que es la caseína animal en nuestro organismo?
Pues hay que decir que en algunas personas se adhiere a los folículos
linfáticos del intestino impidiendo la absorción de otros nutrientes (de
hecho la caseína se utiliza como pegamento para papel, madera, etc.).
Además su hidrolización parcial tiene otras consecuencias. Por ejemplo,
desembarazarse de sus residuos metabólicos supone un gasto energético
suplementario para el organismo y puede provocar problemas
inmunológicos. Así, en personas que presentan deficiencias de
inmunoglobulinas IgA esta proteína pasa al
torrente sanguíneo y genera gran variedad de reacciones autoinmunes (las
mencionaremos más adelante al hablar de las enfermedades relacionadas
con el consumo de leche). Y si tenemos en cuenta -como se recoge en un
informe del Memorial Kettering Hospital de Nueva York (Estados Unidos)-
que la deficiencia de antígenos IgA es uno de los problemas más comunes
en cuanto a deficiencias inmunitarias el problema pasa a tener
dimensiones mucho más preocupantes.
Las grasas de la leche
La leche humana contiene 45 gramos de lípidos por litro, de los que el
55% son ácidos grasos poliinsaturados y un 45% saturados. Y tiene, sobre
todo, un elevado contenido en ácido linoleico, precursor de
prostaglandinas y leucotrienos antiinflamatorios. En cambio la leche de
vaca -la más consumida- contiene un 70% de ácidos grasos saturados y un
30% de poliinsaturados. Una estructura que favorece la formación de
prostaglandinas y leucotrienos inflamatorios. Además, ese 30% de
poliinsaturados pierde sus propiedades cuando por efecto del calor
-entre 40 y 45 Cº- se desnaturalizan y ya no pueden ser precursores
de sustancias antiinflamatorias.
Por lo que la leche tratada para poder ser consumida es ¡una sustancia 100% inflamatoria!
Por otra parte,
la pasteurización y la homogeneización provocan que
las grasas saturadas atraviesen las paredes intestinales en forma de
pequeñas partículas no digeridas, lo que inexorablemente aumenta los
niveles de colesterol y grasas saturadas en sangre. Además,
el contenido en colesterol de la leche es superior al de otros alimentos
famosos por ser ricos en ese elemento. De hecho, algunos países ya han
retirado la leche de la lista de alimentos fundamentales para la dieta
porque se ha observado que los niños que acostumbran a tomar varios
vasos de leche al día tienen sus arterias en peores condiciones que los
que no la toman. Una información que, curiosamente, no parece haber
llegado a Estados Unidos, pues según su Departamento de Agricultura casi
el 40% de la comida diaria que ingieren los norteamericanos consiste en
leche y/o productos lácteos. Lo cual significa que un estadounidense
medio toma diariamente sólo con los productos lácteos 161 miligramos
de colesterol. Y eso es tanto como ingerir ¡53 lonchas de tocino al día!
Y luego se extrañan de que la cuarta parte de la población
norteamericana sea obesa o padezca sobrepeso.
Añadiremos finalmente un dato importante que aporta el ya mencionado
doctor John McDougall: en el afán por aumentar sus ventas la industria
lechera relaciona el contenido de grasa de la leche... con el peso. Lo
que le permite decir que la de vaca contiene "sólo" un 2% de grasa por
cada 100 gramos. Y, claro, dicho así parece que estemos hablando de
un producto bajo en grasa. Sin embargo debemos entender que el 87% de la
leche es agua por lo que si descartamos ésta el porcentaje real de
grasa sobre la sustancia sólida es mucho mayor. ¡Y no hablemos ya de la
leche condensada!
La carga hormonal
Conviene saber también que
la leche contiene aproximadamente 59 tipos diferentes de hormonas
-pituitarias, esteroideas, adrenales, sexuales, etc.- siendo las más
importantes las hormonas del crecimiento cuya acción, unidas a la
riqueza proteica de la leche de vaca, hacen posible el rápido
crecimiento de los terneros de forma que en breve plazo llegan a doblar
su peso. Y es evidente que los humanos no tenemos precisamente esa
necesidad. Además, niveles elevados de esa hormona, unidos a otros
tóxicos, se consideran hoy causa de la aparición de diversas
enfermedades degenerativas.
Hay que añadir a ese respecto que resulta kafkiano tener que reseñar que
ya en 1994 la Food and Drug Administration (FDA) -es decir, la agencia
del medicamento norteamericanaaprobó que
la compañía Monsanto usara la Hormona Recombinante de Crecimiento Bovino (rBGH)
-también conocida como bovine somatotropin o rbST- para aumentar la
producción de leche en las vacas entre un 10 y un 25%. Porque según se
publicó en The Ecologist en 1998 "el uso de rBGH incrementa los niveles
de otra hormona proteica -el factor de crecimiento 1 tipo insulina
(IGF-1)- en la leche de las vacas. Y dado que el IGF-1 es activo en los
humanos -causando que las células se dividan- algunos científicos
piensan que una ingesta de leche tratada con altos niveles de rBGH
podría
dar paso a la división y crecimiento incontrolados de células en los humanos. En otras palabras: cáncer". De hecho, son tantos los peligros potenciales de esa hormona que su uso está prohibido actualmente en Canadá y la Unión Europea, así como en otros países.
La profesora Jane Plant, autora del libro Your life in your hands (Tu
vida en tus manos), explica en él que el IGF-1 es además especialmente
activo durante la pubertad y el embarazo. En el caso de las niñas
púberes -explica- esta hormona estimula el tejido de la mama para que
crezca. Y durante el embarazo ensancha los tejidos mamarios y
los conductos de la leche materna para favorecer la lactancia. Agregando
con rotundidad:
"Niveles altos de esta hormona incrementan hasta tres veces el riesgo de
padecer cáncer de mama o de próstata por parte de quienes consumen
tanto la leche como la carne de las vacas lecheras. Y en contra de la
afirmación de que la pasteurización la destruye entiendo que la caseína
evita que eso ocurra y que la homogeneización facilita que la IGF-1
alcance el torrente sanguíneo. Asimismo, los propios estrógenos que se
añaden a la leche bovina son otro de los factores que estimulan la
expresión nociva de esta hormona y que, indirectamente, acaban
provocando la aparición de tumores".
Tóxicos en la leche
Debemos añadir que
la leche puede además estar contaminada por
productos químicos, hormonas, antibióticos, pesticidas, pus procedente
de las mastitis -tan frecuentes en la vacas ordeñadas
permanentemente-, virus, bacterias, priones... Sin olvidar que hoy se
"enriquece" tanto la leche como los productos lácteos con aditivos,
vitaminas y minerales sintéticos, semillas, plantas, frutas, proteínas,
ácidos grasos... En algunos casos, por cierto, con grasa de animales
distintos. Con lo que uno puede estar ingiriendo leche de vaca
enriquecida con grasa de cerdo... sin saberlo.
¿Y cuáles son las sustancias tóxicas que con más frecuencia puede uno encontrarse en un
vaso de leche de vaca, la más consumida? Pues son éstas:
- Metales y plásticos. El equipo utilizado en la explotación
ganadera para obtener, conducir o almacenar la leche puede contaminarla.
De hecho se ha llegado a detectar en ella hierro, cobre, plomo, cadmio,
zinc, etc., o sus aleaciones. Lo que puede provocar una actividad
catalítica nefasta sobre las reacciones de oxidación que se producen en
ella.
- Detergentes y desinfectantes. Hablamos de formol, ácido
bórico, ácido benzoico, sales alcalinas, bicromato potásico, etc.,
sustancias que se emplean en la limpieza y desinfección del material que
se pone en contacto con la leche. Su uso está justificado ya que el
agua por sí sola es incapaz de arrastrar los restos de materia orgánica y
destruir las bacterias que contaminan las instalaciones y que pueden
pasar a la leche.
- Pesticidas y fertilizantes. En la comida que se da a las
vacas se pueden encontrar compuestos químicos con los que se ha
procurado tanto el incremento de las cosechas como su mejor
conservación. En este grupo se incluyen acaricidas, nematicidas,
fungicidas, rodenticidas y herbicidas. Compuestos químicos
-DDT, dieldrin, lindano, metoxiclor, malation, aldrín, etc.- que pueden
ocasionar cáncer.
- Micotoxinas. Procedentes del alimento que se da a las vacas
cuando éste está contaminado por mohos, muy especialmente por el
aspergillus flavus.
- Antibióticos y otros fármacos. Actualmente se emplean de
forma habitual en el tratamiento y prevención de las enfermedades
infecciosas y parasitarias de las vacas pero pueden pasar a la leche
contaminándola. Un problema que se agrava al saber que el uso excesivo y
continuado de estos fármacos en animales ha acabado provocando que
determinadas cepas de gérmenes patógenos se hayan hecho resistentes y al
pasar a los humanos éstos encuentren dificultades para superar
la enfermedad con antibióticos. Por eso es peligroso el consumo de leche
extraída de vacas así tratadas.
Ya en 1976 el diario Daily Herd Management publicaba que "l
a mayoría
de las fábricas [de leche] usan cerca de 60 clases de tratamientos
químicos [antibióticos] para tratar la hinchazón de pezón después de
cada ordeñada y para reducir la propagación de mastitis (inflamación de
ubres) en sus rebaños. Hay evidencia de que algunas de esas zambullidas
químicas dejan residuos en la leche que pueden ser peligrosos para los
humanos". Diez años después todo seguía igual y el prestigioso The
New York Times afirmaba que "los residuos de antibióticos en la leche
están causando reacciones alérgicas en algunas personas debido
a tratamientos rutinarios para prevenir la hinchazón de los pezones de
las vacas y programas de infusión en las fábricas lecheras."
- Contaminación radioactiva. Es otro de los problemas que
preocupan en la actualidad y si bien los residuos producidos por el uso
específico de la energía nuclear no ocasionan problemas más que en raras
ocasiones es necesario prestar atención.
- Dioxinas. Estos derivados del cloro merecen atención
especial. Además de estar relacionados con el cáncer de pulmón y los
linfomas la exposición a las dioxinas se ha relacionado con la diabetes,
los problemas de desarrollo del niño y diversos desarreglos del sistema
inmune.
Enfermedades relacionadas con el consumo de leche
Ante todo lo expuesto son cada vez más las voces que alertan de la posible relación -más o
menos directa- entre el consumo de leche y las dolencias que se relacionan a continuación:
- Anemia ferropénica. El doctor Frank Oski -director del
Departamento de Pediatría de la Escuela de Medicina de la Universidad de
Johns Hopkins (Estados Unidos)- asevera en su libro Don't Drink Your
Milk! (¡No bebas tu leche!) que en su país entre el 15 y el 20% de los
niños menores de 2 años sufren anemia por deficiencia de hierro y que
la mitad del resto de las anemias que se producen en Estados Unidos
están relacionadas con el consumo de leche y sus derivados por los
pequeños sangrados gastrointestinales que la leche puede provocar.
- Artritis Reumatoidea y Osteoartritis. Está constatado que los
complejos antígenoanticuerpo generados por la leche se depositan a
veces en las articulaciones provocando su inflamación y entumecimiento.
Estudios realizados en la Universidad de Florida (Estados Unidos)
confirman que los síntomas se agravan en pacientes con Artritis
Reumatoidea que consumen leche. Por otro lado, en un artículo publicado
en la revista Scandinavian Journal of Rheumatology se afirmaba que en
personas afectadas de esa patología que dejaron de ingerir lácteos y
tomaron sólo agua, té verde, frutas y zumos vegetales entre 7 y 10 días
la inflamación y el dolor disminuyeron significativamente. Agregando que
cuando alguno volvía a una dieta lacto-ovo-vegetariana los síntomas
reaparecían. Por su parte, un grupo de investigadores israelíes
demostró en 1985 -por primera vez- que la leche puede inducir también
la artritis reumatoidea juvenil. La asociación de la leche con la
artritis reumatoidea del adulto ya se había establecido anteriormente
pero no se había hallado ninguna asociación con la juvenil hasta el
hallazgo de esos científicos.
- Asma. Se sabe que la leche puede estimular la producción
excesiva de moco en las vías respiratorias y que la alergia a la leche
es causa de asma. Además está completamente demostrado que los niños con
exceso de moco y dificultades respiratorias a los que se les retira la
leche de vaca mejoran de forma sorprendente.
- Autismo. Investigadores italianos descubrieron que los
síntomas neurológicos de los pacientes autistas empeoran cuando consumen
leche y trigo. Se cree que los péptidos de la leche pudieran tener un
efecto tóxico en el sistema nervioso central al interferir con los
neurotransmisores. En sus investigaciones los doctores de la Universidad
de Roma notaron una mejoría marcada en la conducta de esos
enfermos tras dejar de ingerirla ocho semanas. En su sangre había altos
niveles de anticuerpos contra la caseína, la lactoalbúmina y la
betalactoglobulina.
- Cáncer de estómago. Investigadores del Instituto Nacional de
Salud Publica de Morelos (México) encontraron un aumento significativo
del riesgo de contraer cáncer de estómago en pacientes que consumían
productos lácteos. En los que además consumían carne el riesgo se
triplicaba.
- Cáncer de mama. La leche está considerada por muchos expertos
causa directa de este "tipo" de cáncer. Si a ello añadimos la
influencia que tiene la hormona insulínica las probabilidades de
sufrirlo aumentan considerablemente en las grandes consumidoras de leche
(Discovery DSALUD publicará el mes que viene un artículo sobre este
importante asunto que tanto preocupa a las mujeres).
- Cáncer de ovarios. La galactosa -uno de los azúcares de la
leche- se ha relacionado también con el cáncer de ovarios. Algunos
investigadores consideran que las mujeres que beben más de un vaso de
leche entera al día tienen tres veces más probabilidades de contraer
cáncer de ovarios que las que no lo ingieren.
- Cáncer de páncreas. Investigadores de la Universidad de
Harvard (Estados Unidos) afirman que existe una relación "positiva y
fuerte" entre el cáncer del páncreas y el consumo de leche, huevos y
carne.
- Cáncer de próstata. Un estudio presentado hace más de veinte
años en una reunión de la American Association of Cancer Research en San
Francisco y publicado en Oncology News ya revelaba, según el doctor
Chan -epidemiólogo de la Universidad de Harvard-, que el consumo de
mucha leche y sus derivados está asociado con un incremento del riesgo
de cáncer de próstata en los hombres. Explicando que ello se puede deber
a que el alto contenido de calcio de la leche hace disminuir la
cantidad de vitamina D del cuerpo, encargada de proteger del cáncer de
próstata a pesar de que la propia leche la contiene. Epidemiólogos
italianos del Aviano Cancer Center calcularon ese aumento del riesgo y
establecieron que es 1,2 veces mayor entre quienes beben de 1 a 2 vasos
de leche diaria que entre los que no la consumen. Sin embargo, si se
toman dos o más vasos de leche al día el nivel de riesgo de padecer ese
cáncer aumenta a 5.Otro estudio -realizado por el mismo equipo de
investigadores de la Universidad de Harvard- descubrió que los hombres
que consumen grandes cantidades de leche y/o lácteos tienen un 70% de
riesgo de contraer cáncer de próstata. Opinión que comparte un grupo de
científicos noruegos de la Universidad de Oslo quienes afirman que
consumir leche es un riesgo para contraer cáncer de próstata. Añadiendo que, sorprendentemente, el consumo de leche desnatada está asociado con un mayor incremento que la leche entera.
- Cáncer de pulmón. Investigadores holandeses concluyeron en
1989 que las personas que toman tres o más vasos de leche diaria tienen
dos veces más probabilidad de desarrollar cáncer de pulmón que los que
no la toman. Y que, sin embargo -contra lo que afirman sus colegas
noruegos- las personas que toman esa misma cantidad pero de leche
desnatada parecen estar más protegidas. También se coligió en el
Roswell Park Memorial Institute de Nueva York que entre las personas que
beben tres o más vasos de leche entera al día aumenta el riesgo de
desarrollar cáncer de pulmón en un 200% (comparado con aquellos que
nunca la toman). Además se ha documentado que existe relación directa
entre la hormona somatotropina y el cáncer de pulmón, y entre éste y las
dioxinas que contaminan la leche.
- Cáncer de testículos. Investigadores británicos descubrieron
que también hay relación entre el cáncer testicular y el consumo de
leche. El riesgo encontrado fue 7,19 veces mayor que en la población
general y aumenta en un 1,39 por cada cuarto de leche adicional que se
consume.
- Cataratas. Hay una creciente evidencia de la relación entre
el consumo de leche y las cataratas. Según diversos estudios científicos
las poblaciones humanas que consumen grandes cantidades de productos
lácteos tienen mayor incidencia de cataratas que aquellos que los
evitan. Este defecto se ha relacionado con la lactosa y la galactosa.
Siendo la relación más evidente entre la mujeres que entre los
hombres. El tipo más frecuentemente es la catarata cortical.
- Colitis ulcerosa. También el consumo de leche se ha asociado a esta dolencia.
- Colon irritable. Hay diversos estudios que vinculan igualmente la ingesta de leche con el desarrollo de esta patología.
- Diabetes Mellitus Tipo I. Diferentes investigaciones
demuestran que los lactantes alimentados con leche de vaca presentan un
mayor riesgo de padecer diabetes insulinodependiente -conocida como
diabetes tipo I- ya desde su niñez. Un estudio publicado en la Revista
de Medicina de Nueva Inglaterra identifica la leche como "elemento
responsable o factor desencadenante en algunas personas
genéticamente sensibles" . Los médicos que realizaron la investigación
descubrieron que los diabéticos analizados tenían unos niveles de
anticuerpos más altos de lo normal que reaccionaban con una proteína de
la leche llamada suero de albúmina bovina atacándola como invasora y
destruyéndola. Pero resulta que -¡fatal coincidencia!-una sección de
esa proteína es casi idéntica a una proteína de la superficie de
las células productoras de insulina por lo cual, según afirman, las
defensas de las personas sensibles a ella terminan atacando a sus
propias células causando así su autodestrucción. Por lo que eliminar la
leche y sus derivados de la dieta infantil podría disminuir
drásticamente la incidencia de este tipo de diabetes.
- Dolores abdominales sin intolerancia a la lactosa. Existe una
estrecha correlación -no discutida- entre la indigestión que causa la
lactosa, la intolerancia a la lactosa y la intolerancia a la leche.
- Enfermedad de Crohn. El doctor John Hermon-Taylor -director
del Departamento de Cirugía de la Escuela de Medicina del Hospital St.
George (Gran Bretaña)- afirma tras estudiar la enfermedad de Crohn
durante 20 años que la Paratuberculosis -una subespecie delMycobacterium
Avium- está indudablemente asociada a esa patología. Y que ese
microorganismo se transmite fundamentalmente a través de la leche porque
la pasteurización no la destruye. En un estudio realizado entre 1990 y
1994 sobre envases para leche se encontró con que el 7% estaba
contaminado con la Paratuberculosis.
- Enfermedades coronarias. Numerosos investigadores relacionan
algunos componentes de la leche -el colesterol, las grasas, su alto
contenido en calcio, la presencia de xantina oxidasa, etc.- con este
tipo de dolencias. En el caso de la enzima bovina xantina oxidasa se
sabe que sólo causa problemas cuando la leche es homogeneizada y que su
daño se centra en los vasos sanguíneos. La posible explicación está en
que esta enzima atravesaría intacta las paredes intestinales,
se trasladaría a través de la sangre y destruiría el masmógeno, uno de
los componentes de las membranas de las células que forman el tejido
cardiaco. Uno de esos investigadores es el doctor Kurt Oster, jefe del
servicio de Cardiología del Hospital Park City en Bridgeport (Estados
Unidos). Durante un periodo de casi cuatro años Oster estudió a 75
pacientes que sufrían angina de pecho y arteriosclerosis. Pues bien, se
eliminó la leche de sus dietas y se les dio ácido fólico y vitamina C
-ambas combaten la xantina oxidasa- y en todos los casos el dolor
disminuyó. Es más, a ese respecto el doctor Kurt Esselbacher -miembro de
la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard- afirma sin
tapujos: "La leche homogenizada, debido al contenido de xantina oxidasa,
es una de las mayores causas de enfermedades coronarias en Estados
Unidos".Hay también estudios realizados en Rusia según los cuales
quienes beben tres o más vasos de leche al día tienen 1,7 más
probabilidades de padecer enfermedades isquémicas cardíacas que quienes
no la consumen. Igualmente se sabe que el consumo habitual de productos
lácteos aumenta el colesterol malo (LDL) sin afectar al bueno (HDL) por
lo que ya en sí mismos constituyen un factor de riesgo. Y debemos añadir
que el consumo de proteínas lácteas parece tener relación directa con
la mortalidad coronaria ya que se ha comprobado que los anticuerpos
creados contra la caseína activan el sistema plaquetario estimulando la
trombogénesis. Además se las relaciona con la inflamación de las paredes
de las arterias favoreciendo así el proceso arteriosclerótico.En cuanto
al calcio de la leche cabe decir que parece existir relación entre
el endurecimiento de las arterias y el excesivo contenido de este
mineral en sangre.Añadiremos que la leche desnatada se ha asociado con
enfermedades coronarias no isquémicas en hombres mayores de 45 años y en
mujeres mayores de 75. Se cree que las proteínas de la leche
contribuyen a la formación de la homocisteina. Para muchos la conjunción
de este tipo de leche, la lactosa, el calcio y la homocisteína podría
ser responsable de la calcificación de las arterias.
- Esclerosis múltiple. Científicos de la Universidad de
Michigan (Estados Unidos) están llevando a cabo en la actualidad
extensos estudios acerca de los factores asociados con la esclerosis
múltiple y si bien hasta ahora sólo han obtenido conclusiones parciales
han podido establecer relación entre la esclerosis múltiple y un
excesivo consumo de leche.
- Estreñimiento. La leche es causa conocida de estreñimiento en
niños y ancianos. Su eliminación de la dieta y un mayor consumo de
vegetales y fibra suele resolver ese problema. Asimismo, tanto el
estreñimiento crónico como las lesiones perianales se han asociado con
una clara intolerancia a la leche de vaca.
- Fatiga crónica. Según un estudio realizado con niños en
Rochester (Nueva York) en 1991 beber leche aumenta 44,3 veces el riesgo
de padecer esta enfermedad.
- Fístulas y fisuras anales. Podría deberse al parecer a la alergia a una proteína de la leche de cabra.
- Incontinencia urinaria. Muchos niños que mojan las sábanas ya
crecidos dejan de hacerlo en cuanto eliminan de su dieta la leche, los
productos que la contienen y los derivados lácteos.
- Intolerancia a la lactosa. Para poder ser utilizada por
nuestro organismo este azúcar de la leche debe ser previamente
hidrolizado y eso se consigue gracias a una enzima llamada lactasa que
va desapareciendo lentamente cuando comienzan a salirnos los dientes.
Parece que en la raza blanca la lactasa permanece durante más tiempo
que en la raza negra. Algo que podría deberse a la relación existente
entre la melanina y la lactasa. Las personas que viven en lugares fríos
tendrían por eso la piel más blanca a fin de aprovechar al máximo las
radiaciones solares y sintetizar vitamina D para fijar el calcio.Se ha
observado también que en la mayoría de las personas que no producen
lactasa o lo hacen a niveles muy bajos la lactosa no hidrolizada pasa al
intestino donde es atacada por las bacterias y las consecuencias son
fermentaciones, meteorismo, cólicos, diarreas, etc. Todo lo cual provoca
la irritación de las paredes del intestino e incluso microheridas con
pérdida de sangre. Y si esas pequeñas hemorragias se producen de forma
continuada acaban provocando deficiencias de hierro.Además la lactosa
puede provocar otros trastornos no menos graves ya que es responsable de
la asimilación de metales pesados como el cadmio, el mercurio y
el hierro así como de otras sustancias tóxicas.
- Linfomas. Un estudio realizado en la Universidad de Bergen
(Noruega) durante año y medio con casi 16.000 pacientes observó que las
personas que consumen dos vasos de leche al día presentan un riesgo 3,4
veces mayor de padecer linfomas que los que beben menos. El mecanismo
por el cual eso se produce todavía no está claro a pesar de que se sabe
que la leche de vaca puede transmitir el virus de la leucemia
bovina. Este mismo estudio encontró una asociación, aunque débil, entre
el consumo de leche y el cáncer de riñones y de los órganos
reproductivos femeninos.Otro mecanismo por el cual se pueden contraer
linfomas es a través de leche contaminada con dioxinas. En un artículo
publicado en el periódico norteamericano The Washington Post se afirmaba
que las personas que consumen grandes cantidades de grasa -como carne y
productos lácteos son 10 veces más propensas a contraer cáncer,
especialmente de pulmón.
- Migraña. Se ha comprobado experimentalmente que cuando se
suprime la leche de la dieta de pacientes afectos de migraña se reducen
significativamente sus síntomas.
- Oídos, garganta y sinusitis. En 1994 la revista Natural
Health publicaba una serie de hallazgos que relacionan a la leche con el
aumento de las infecciones de los oídos y la garganta. Los estudios
demostraron que las amígdalas y las adenoides reducían su tamaño cuando
se limitaba el consumo de leche.
- Reacciones alérgicas. La alergia a las proteínas de la leche
de vaca se ha definido como "cualquier reacción adversa mediada por los
mecanismos inmunológicos a una o más de las proteínas de la leche
(caseína, alfa lacto-albúmina, betalactoglobulina)". Actualmente muchos
estudios médicos reconocen la relación entre la leche y las reacciones
alérgicas estableciéndose su prevalencia entre un 2 y un 5% de la
población mundial. La reacción alérgica puede ser inmediata -es decir,
en menos de 45 minutos- o tardía -presentándose horas o días más tarde.
- Sangrado gastrointestinal. El sangrado gastrointestinal
secundario a la intolerancia a las proteínas de la leche de vaca en
niños ha sido adecuadamente documentado. Tan serio es el sangrado que se
le coloca como una de las causas más comunes de anemia en niños.
- Síndrome de mala absorción. Investigadores de la Universidad
de Helsinki (Finlandia) han comprobado la relación entre las proteínas
de la leche y el daño a la mucosa intestinal. Este daño es el
responsable del síndrome de mala absorción que se caracteriza por
diarreas crónicas, vómitos y retardo del crecimiento.
- Trastornos del sueño. Estudios realizados en la Universidad
Free de Bruselas entre los años 1986 y 1988 confirmaron la relación
entre el consumo de leche y los trastornos del sueño en los niños. Éste y
otros estudios han hallado relación entre la alergia a la leche y los
problemas para dormir. Todos los síntomas mejoraban cuando se excluía la
leche de la dieta y empeoraban cuando era reintroducida. El
tiempo promedio para notar la mejoría era de cinco semanas. La agitación
que manifestaban esos niños también mejoró.
- Úlceras pépticas. En el pasado se aconsejaba tomar leche a
las personas que padecían problemas estomacales, en especial en caso de
úlceras. En la actualidad esa práctica se desaconseja por considerarse
peligrosa y porque se sabe que la leche y sus derivados agravan todos
los síntomas. El alivio temporal que sentían esos pacientes se podía
deber simplemente al hecho de que normalmente la leche se tomaba fría y
era la temperatura del líquido lo que hacía mejorar la
situación transitoriamente.
- Otras reacciones provocadas por la leche. Además de las
expuestas existen otras situaciones y dolencias que se relacionan con la
ingesta de leche. Por ejemplo la acidosis láctica severa asociada a la
alergia a la leche de vaca, el aumento del riesgo de preeclampsia en
mujeres sensibles, la dificultad de aprendizaje en niños o algunos casos
de infertilidad femenina.
Por último es importante señalar que las madres que toman leche de
vaca durante el período de la lactancia exponen a sus hijos a
los riesgos asociados a este alimento.
José Ramón Llorente, autor de este texto, es presidente de la Sociedad Española de Nutrición Ortomolecular
El vídeo resumen del artículo de José Ramón Llorente realizado por Discovery Television:
http://www.youtube.com/embed/A7NVV-fcUic?feature=player_detailpage
Fuente de información:
www.dsalud.com/
Amor y Gratitud
Martín
fuente: http://luzydespertar.blogspot.com/